Número 1, coca-cola y café.
Siento acabar la clase de inglés tan tarde, porque cuando llego a la cena de los jueves de mis amigos, todos ellos se han terminado ya sus bocadillos. Entonces me pido yo el mío, y lo devoro deprisa. Supongo que una parte de mí piensa que engullendo rápidamente el bocata recupero parte de los momentos perdidos. Entonces, mientras con el refresco trago penosamente el último bocado, me esfuerzo en incorporarme a la conversación. La cena de los jueves, ya casi un ritual, es para mí un momento de felicidad compartida, un oasis dentro del desierto semanal donde los problemas se minimizan por unas horas. Una fiesta de pimientos, pan de chapata, paté de salchichas, agua mineral y ensaladas saborías que nos recuerda que, por mucho que la ruindad del día a día nos separe, seguimos siendo amigos.


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