7.3.03

La intención es lo que cuenta.
Me saqué el carnet en junio del ańo pasado, y hasta ayer no había gastado ni un sólo céntimo en gasolina. Como ahora mi cuenta refleja un máximo histórico por la pasta que tengo de las prácticas, se me ocurrió la brillante idea de llenar el depósito del coche de mis padres. Espléndido que es uno. No creo que haga falta decir que el coche de mis padres es el único vehículo del que dispongo actualmente, aparte de mis propias piernas. Bueno, pues allá que voy a la gasolinera. Medito bien a cuál ir: mejor una en la que te la echen, que si no seguro que hago algo mal, que no estan fácil cómo parece. Llego, y me dice el expendedor de gasolina (esto no es invención mía, he leído en el tablón de una ETT que necesitaban un "expendedor de gasolina", qué cabrones, en vez de decir "gasolinero"):
-"żQué quieres?
-"Diesel".
-"Ya. Me refiero a la cantidad, hombre."
-"Ah, lleno, lleno."
30 euros. Y resulta que la semana que viene cambiamos de coche. Ole.

bso | ojos de brujo - tiempo de soleá