11.8.03

En ocasiones veo bichos.
Acabo de matar dos mosquitos de los que pican a zapatazo limpio, en el salón, ahora mismito. Y sé que hay más; no puedo verlos, pero intuyo que están ahí. Quieren picarme por la noche, y les odio por ello, aunque sé que no debería hacerlo porque al fin y al cabo estos bichos pican sin mala fe. Además, lo normal es que quieran vengarse por la caída de sus dos amiguitos, que yacen ahora bien aplastados, envueltos en un kleenex, entre cáscaras de melocotón y raspas de pescado. Mi madre se ha apresurado a conectar ese aparato revolucionario llamado "Fogo-electric" en mi habitación, pues nadie mejor que ella sabe que soy plato de buen gusto para esos bichejos asquerosos.
No me gustan los insectos, pero yo a ellos sí. Es infantiloide, pero no puedo evitarlo. Una vez, andando por la calle, una hoja de árbol me cayó encima de la cabeza y pensé que era un abejorro. Confundo las moscas con avispas. Siempre me asustan las pegatinas de arańas que pegan en los meaderos.
Estoy hecho todo un urbanita.