Siento que hoy es el último día de una etapa.
Zaragoza. La noche de ayer fue calurosa y yo salí sin abrigo. Estuve a gusto con los amigos. Y con ella, por supuesto. Rondamos por los sitios de siempre, pero estuvo bien. Volviendo a casa, a las siete de la mańana, me paré en medio del Paseo de Independencia y respiré profundamente con los ojos cerrados, pensando: "Este fin de semana se acaba otra etapa de tu vida. Disfruta, porque no sabes qué viene ahora." Por cierto, que al respirar profundamente me vino un intenso olor a hamburguesa completa de las del timple: ese aroma asqueroso me estuvo persiguiendo durante toda la noche. [Ella, cuando al despedirnos la besé apasionadamente, me dijo: "Hay que ver cómo apestas a cebolla, mi amor."]
No me gustan los cambios. Echo raíces enseguida. Bienvenidos, interrogantes.


<< Home