Pan con pan...
El domingo, a las nueve de la mańana [hora antigua], Juan se encontraba degustando este suculento bocadillo. Intentaba ganar una apuesta que Jaime le había propuesto: que no era capaz de comerse un sándwich de sándwich a palo seco.
Pero se lo comió. La apuesta quedó anulada, no sé muy bien por qué, pero la proeza será recordada por los siglos de los siglos.
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